En sillas de ruedas o apoyados en muletas, algunos con prótesis improvisadas para sustituir la parte del cuerpo que les falta, exmigrantes hondureños aseguraron que permanecerán en la Ciudad de México hasta ser recibidos por el presidente Enrique Peña Nieto. “Hicimos este viaje con el único propósito de ver a Peña Nieto porque creemos que él presidente de México puede hacer mucho para evitar tanta tragedia y violaciones hacia los migrantes; si deseamos una migración sin violencia al pasar por México para llegar a los Estados Unidos”, señalaron en conferencia de medios tras haberse reunido en la Secretaría de Gobernación con Paloma Guillén.
La caravana de 15 ciudadanos hondureños (de 452 ex migrantes que terminaron con mutilaciones y daños permanentes a su salud tras agresiones sufridas en su paso por México) y que están agrupados en la Asociación de Migrantes Retornados con Discapacidad (AMIREDIS), pidieron ante la oficina de política exterior de México, la regularización de la condición migratoria de las víctimas de accidentes que desean quedarse en territorio mexicano cuando el daño implique la necesaria atención hospitalaria; atención médica garantizada, con la entrega de prótesis, rehabilitación, medicamentos y asistencia psicológica para migrantes accidentados o violentados en su paso por territorio nacional; facilitar acciones internacionales que permitan la reintegración de personas migrantes mutiladas y la eliminación del visado a migrantes centroamericanos, permitiendo libre paso por
México.
Los ciudadanos hondureños con severas mutilaciones demandan a las autoridades mexicanas una “migración con sentido humano”, que podría garantizarse si se brinda protección en la ruta migratoria, si se avala la figura del refugiado para quienes escapan de la violencia que hoy vive Honduras y con la firma de convenios bilaterales para permitir el retorno digno de migrantes a sus lugares de origen o para inhibir la migración forzada.
A un hondureño que anda bordando los treinta años, le bastó una semana para vivir asaltos violentos, hambre, persecución y encarcelamiento por 48 horas (no por situación migratoria irregular, sino porque pretendieron inculparlo injustamente de un robo a un banco); finalmente, al salir de prisión, abordó la llamada “Bestia” para terminar mutilado al ser lanzado del tren por delincuentes por no portar un centavo. “Ustedes no lo saben pero Honduras es uno de los países más pobres del mundo y ahora migrar a los Estados Unidos esta peor que nunca; nos vemos nosotros en este país como si fuéramos animales de caza, siempre perseguidos, tenemos que andar por los montes y las montañas. El migrante en México tiene que olvidarse de comer y de beber, se vuelve como una máquina que no come, que no debe sentir para cuidar la vida”, lamentó.
Por su parte, Wilfredo cuenta haber sido gravemente perjudicado no sólo por haber perdido la pierna entre las ruedas del tren; antes del accidente, fue secuestrado junto con su hijo en el 2010, cuando ambos querían llegar a los Estados Unidos.
“Nunca me imaginé encontrarme con una tragedia en Tierras Blancas. Cuando hablaba con un familiar mío en la caseta telefónica, a mi hijo me lo pusieron con el cachete en el pavimento y con una AK-49 en la cabeza; de repente, me pusieron una 9 milímetros en el cerebro y nos metieron a un carro. Desde ahí ya iba derramando mi sangre porque me pegaron tantos golpes; a mi hijo me lo maltrataban también y yo sin poder hacer nada. Eran como seis hombres que nos pusieron unos pañuelos en los ojos, pensaron que nosotros éramos una presa fácil con un número de teléfono. Llegamos a una casa sin muebles, habían muchas personas en un cuarto, las mujeres estaban sin blusa, había niños y hombres sin calzoncillos; muchos de ellos estaban mutilados de sus dedos o de sus orejas. Me pusieron a ver como a una mujer le cortaron con unos alicates y me dijeron ‘esto te va a pasar a ti’; me dio escalofrío por todo mi cuerpo, ‘estoy muerto en vida’ me dije. Estuvimos en varias casas en cautiverio por tres semanas y nos dijeron que si nuestra familia no pagaba el rescate nos iban a matar, a mi ya me habían reventado completamente tiraba sangre hasta por el recto, con toda disculpa se los tengo que contar. Mi hijo también tiraba sangre por todos lados, por los oídos, por los ojos, no soportaba esa pesadilla yo. Ese último día yo dije, ‘nos morimos hijo’; mi hijo me decía, ‘tócame papá’, porque nos tocábamos con los hombros”, pero llegó el rescate con el dinero de un terreno, que me quitaron de esa forma”, se quejó Wifredo.
El presidente Peña Nieto puede evitar que se sigan cayendo migrantes del tren, que paren las violaciones los secuestros, consideraron los hondureños; “eso se podría evitar si hubiera voluntad política de México y de los países centroamericanos”, concluyó la hermana Leticia Gutiérrez quien informó que este viernes por medio de comunicación electrónica, la Relatoría de Migrantes de la a Comisión Interamericana de Derechos Humanos escucharía el relato de los ciudadanos hondureños.