Se reunieron en Ecuador en 2006 y gracias al conocimiento que Pinto tenía del bosque nuboso, eligieron los mejores sitios para investigar. Los bosques nubosos están “cubiertos por la niebla”, dijo Helgen.
Durante la primera noche de su pesquisa, el equipo encontró un olinguito de carne y hueso.
Al ver al peludo animal arborícola por primera vez, Helgen sintió un “regocijo puro, una emoción simplemente increíble mezclada con cierta incredulidad. Nadie había notado a este animal”.
Incluso las personas que viven en Los Andes confundían a los olinguitos con los olingos porque los humanos no los cazan y las criaturas permanecen en los árboles, dijo Helgen.
Cómo vive
Los investigadores descubrieron que el olinguito come principalmente fruta, pero también insectos y néctar; es más activo por las noches. El animal vive en los árboles y puede saltar de rama en rama. Las madres tienen una sola cría a la vez.
Mide unos 75 centímetros de la nariz a la punta de la cola y pesa alrededor de un kilo; es ligeramente más pequeño que un gato doméstico.
Los análisis de ADN confirmaron que aunque los olingos y los olinguitos pertenecen a la familia de los mapaches, son “grupos emparentados”, una relación parecida a la que tienen los humanos con los chimpancés.
El hábitat elevado y brumoso del olinguito —en Colombia y Ecuador—, aunado a la tendencia del animal a permanecer en los árboles, habían contribuido a que la especie permaneciera relativamente oculta para los científicos hasta ahora, dijo Helgen.
Resulta que, de acuerdo con Helgen, hay cuatro subespecies de olinguitos que difieren en el color —tonos de rojo, anaranjado y marrón— tambien en tamaño y es posible encontrarlos en varias zonas de los Andes.
Es más común descubrir nuevas especies de ratones, murciélagos y musarañas, pero esos animales son muy pequeños y difíciles de distinguir, dijo Helgen.
Antes del olinguito, el mamífero que se descubrió más recientemente en América fue una pequeña comadreja de Los Andes, en la misma región y en el mismo hábitat que los olinguitos.
“Eso demuestra que aún falta mucho por explorar en todo el mundo, pero especialmente en estos bosques nubosos”, señaló Helgen. Tal vez en adelante se encuentren más olinguitos en otros países sudamericanos que tengan bosques nubosos, según el Smithsonian.
Aún no se considera que el olinguito sea una especie en peligro, pero su ambiente está amenazado, dijo Helgen. Muchas personas talan esta clase de bosques.
“También esperamos que al contar la historia del olinguito al mundo, este hermoso animal recién descubierto sirva como una especie de embajador para los asediados hábitats del bosque nuboso”.
El olinguito en el zoológico
El grupo de Helgen “descubrió” al olinguito, pero ha evolucionado como especie independiente desde hace tres o cuatro millones de años, dijo.
El grupo de Helgen estudió la historia de uno de los olinguitos, que eran exhibidos en Estados Unidos como un olingo. La criatura provenía de las montañas de Colombia y lo llevaron al zoológico de Louisville en 1967, gracias a una pareja de alemanes que amaban a los miembros de la familia de los mapaches, relató Helgen. También estuvo en el Zoológico Nacional Smithsonian en Washington y en el Zoológico del Bronx, en donde murió.
El ADN de este olinguito muestra claramente que no es un olingo, explicó Helgen.
La esposa del cuidador del animal le dijo a Helgen: “Siempre creímos que había algo raro con ese olingo”. Agregó que esta hembra en particular había pasado de zoológico en zoológico porque no podía cruzarse con los olingos.
“No se debía a que ella fuera quisquillosa, sino a que no eran de la misma especie”, explicó Helgen.
Gracias a los resultados de la investigación sobre el olinguito, se ha reivindicado la reputación del extraño animal.