Las instalaciones de la Casa de la Cultura de Colima no han merecido siquiera el mínimo de mantenimiento que consiste en barrer el suelo para que luzcan con la limpieza que merece esta ciudad nombrada Capital Americana de la Cultura. Poco más grave, incluso, es que algunas de las fachadas luzcan con daños, con pedazos caídos, sin el menor asomo de restauración en algunas de las obras de arte que tanto orgullo causaron al ser inauguradas. 

 

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