México DF, febrero 07 de 2014.- Luchar por una vida que tal vez no haya tiempo para vivir es una de las reflexiones que hace Ron Woodroof tras casi siete años de luchar contra un virus que ha matado a miles de personas y para el cual no se desarrolla algún medicamento o vacuna efectivo.

 

Son mediados de la década de los 80 y principios de los 90, tras varios años de desesperanza, comienzan los protocolos para probar en personas con sida un medicamento llamado AZT (zidovudina), cuyo desarrollo original fue para cáncer, pero que parece contrarrestar los efectos del letal virus. {youtube}wtVG6f7cEwA{/youtube}

 

Woodroof, un vaquero homófobo acostumbrado a tener relaciones sexuales sin protección con múltiples mujeres y a abusar de las drogas, se sumerge en un mundo hasta entonces desconocido para él, y del cual se niega a formar parte, cuando se desvanece repentinamente  y le informan en un hospital que  tiene sida.

 

La negación es su primera reacción y decide alejarse de los servicios de salud. Sin embargo, la noticia provoca que comience a informarse de manera sobresaliente sobre lo que le ocurría con las personas con VIH, el origen del virus, las causas y la terrible noticia de la improbabilidad de una cura.

 

Así, decide intentar comprar frascos de AZT y después recurre a tratamientos alternativos que no han sido aprobados en los Estados Unidos ante la dificultad para conseguir el medicamento. Mientras tanto, conoce a Rayon, una mujer transgénero que se acerca a él para  ayudarlo a conseguir el fármaco y con quien Woodroof es reticente de entablar una plática por más de un minuto.

 

Su alejamiento del mundo médico provoca que deje atrás por algunos días su natal Texas, donde ha dejado de ser respetado por sus compañeros electricistas, quienes lo tachan de maricón y “chupapenes” por su estado serológico, y llega a México con un médico sin licencia que le indica que lo están envenando en el hospital y le ofrece otras alternativas no aprobadas científicamente.

 

Tras probar y sentirse mejor, se lleva los medicamentos a Estados Unidos, se reencuentra con Rayon y da cuenta de que hay muchas personas como él que buscan alternativas ante la falta de opciones médicas y de acceso a los protocolos científicos. Junto con Rayon, a quien cada vez acepta más, forma una iniciativa muy polémica para las autoridades sanitarias y las personas que no padecen, un club en el que se puede acceder a toda la medicina que quieras por una cuota mensual sin consultas médicas ni la necesidad de acudir a un hospital.  

 

Justo esta experiencia, conforme avanza el tiempo y la vivencia de hechos irreversibles, provocan que en esos años, más que ganar dinero, Woodroof adquiera valores totalmente diferentes a su estilo y manera de vivir.    

 

De corte biográfico, llevada al cine tras varios años de espera, Dallas Buyers Club, estelarizada por Matthew McConaughey y Jared Leto, muestra un entorno social de hostilidad y desesperanza hacia las personas con VIH, que a veces parece lejano, y en otras cercano, que permite cambiar mentalidades como la de un amante de los rodeos y el sexo fácil e inseguro que se da cuenta que etiquetar a las personas es una manera absurda de perder tiempo vital.

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