En Colima, “ya se siente una actitud negativa hacia los seres humanos”, reconoció el rector de la Basílica Menor de Colima, Juan Jesús Mendoza, quien reconoció que la violencia que se presenta en el estado de Michoacán sí ha afectado a la comunidad eclesiástica en general.

El pasado 16 de octubre, el obispo de Apatzingán Miguel Patiño Vázquez denunció públicamente a través de una carta episcopal “el drama” que vive el estado de Michoacán ante la ola de violencia generada por el crimen organizado.

Ante esta situación, Juan Jesús Mendoza, rector de la Basílica menor, reconoció que si bien la situación de la diócesis de Colima no es igual a la que se vive en Michoacán, estos hechos violentos sí afectan.

“Han venido aquí conmigo de Coalcomán, de Chinicuila, a platicarme y a decirnos ‘padre, pida por nosotros porque está difícil esto’”. 

De igual manera, señaló que “en todo el país, la situación (de seguridad) es difícil, aun cuando se dice que va rebajándose la violencia, el narco, todo eso, pero aquí mismo en Colima se siente ya esa actitud negativa hacia los seres humanos”.

En el Obispado de Colima —detalló—  no se han registrado recientemente amenazas en contra de sacerdotes o religiosas, y recordó que el último hecho violento fue la muerte del padre José Flores, quien fue asesinado violentamente  en el mes de febrero.

“Sí recibimos llamadas, yo concretamente no respondía el teléfono cuando veía un número extraño, pero la anterior procuradora, la señora Yolanda Verduzco, nos habló a los sacerdotes, ahí en Suchitlán, para orientarnos y decirnos qué se debía hacer y nos dio esas orientaciones prácticas”.

 

 

 

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