
Quien no recuerda los momentos en que no hacía nada durante los períodos vacacionales de adolescencia. Una vez que se había cumplido con los deberes escolares propios de la secundaria o la preparatoria, los días eran eternos sin amigos para salir a dar una vuelta por el barrio, o en otras ocasiones, eran un suspiro ante sucesos inenarrables que marcan la trascendencia de un inexperto joven.
Este es el caso de Sebastián, un joven de 17 años originario de Jalapa, Veracruz que llega a la costa veracruzana ante el llamado de su tío Gerardo, quien por problemas de salud debe acudir a otra población para practicarse unos exámenes y recibir atención médica por al menos 15 días. Mientras tanto, necesita alguien que se haga cargo de sus fructíferos negocios.
Al llegar, el tío Gerardo le dice a Sebastián que es el momento para aprender hotelería al frente del motel Palma Real, ubicado en una desolada carretera, junto a la playa. Un paraíso que ofrece un momento de gran discreción para todos aquellos buscadores de gozar un momento íntimo sin ser perturbados.
Así, el joven Sebastián, como le llaman en la comunidad, se convierte en el encargado de un hotel de paso y ante la falta de personal, también tiene que hacer el servicio de recamarería. Sin embargo, el tiempo de ocio es vasto. Las horas se le hacen eternas en su hamaca, escuchando música hasta que suena algún claxón para pedirle la llave de uno de los 10 cuartos del hotel.
Lo que parece una monotonía inexpugnable, se transforma cuando entra un viejo “vocho” rojo tripulado por Miranda, una joven morena de visita en la ciudad por su trabajo – agente de bienes raíces – quien suele acudir al lugar con su compañero sexual.
Sin embargo, esta vendedora de casas junto a la playa comienza a gozar de mayores tiempos de ocio cuando los compromisos maritales de su pareja le impiden acudir a su cita semanal en el Palma Real. Es en estos tiempos, en los que la vida se puede desperdiciar en una siesta injustificada o en fumar un cigarro cuando Miranda y Sebastián le dan vida a esas horas de tedio.
Reconocida con una Mención Especial a Largometraje Mexicano y el galardón de Mejor Actriz a Adriana Paz (Miranda) en la más reciente edición del Festival Internacional de Cine de Morelia, Las horas muertas del realizador mexicano Aarón Fernández se proyecta como parte de la 55 Muestra Internacional de Cine de la Cineteca Nacional. Consulte cartelera y horarios en www.cinetecanacional.net
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