El lunes comencé a colaborar en este medio, con la idea de entregar un texto semanalmente. Sin embargo, como respuesta a mi colaboración acerca de las cabalgatas, recibí un mensaje privado, pidiendo que se divulgara un incidente bastante lamentable, que por fortuna no tuvo mayores consecuencias. La persona que me envió este relato solicitó mantener el anonimato, pero los hechos fueron confirmados por testigos presenciales, por lo que transcribo íntegramente su escrito:

“Acabo de leer su excelente artículo en el Diario Avanzada; muy bueno, y quiero compartir con Ud. la espantosa experiencia que vivimos el pasado viernes, día en que inició esa tonta tradición y le autorizo para que la publique. Mi hija embarazada de casi 5 meses, empezó a tener sangrado cuando caminaba por la noche por el Andador Constitución; un chico de la Artería la ayudó a llegar hasta el bar 1800 y una vez ahí le hablaron a una ambulancia y a mi para que fuéramos por ella; la Cruz Roja no pudo entrar y yo, arriesgándome a un golpe, entré y me estacioné atravesando la calle Zaragoza y los muchachos me ayudaron a subirla acostada en la parte trasera del auto.”

“Está de más mencionarle todas las barbaridades y groserías que recibí por mi atrevimiento; al caminar ellos llevaban prisa para ver “las cabalgatas”. Les grité que teníamos una emergencia médica y solo así dejaron de pitar y de gritarnos. Al auto que iba delante de nosotros, se me ocurrió sonar el claxon y entonces, en automático, bajó aún más la velocidad y a vuelta de rueda no avanzábamos, mi hija continuaba sangrando. Un chico corrió hacia el auto delantero y le dijo que llevábamos una persona sangrando, que por favor se apurara y solo fue así que se movió y nos dejó pasar.”

“Llegamos a la Cruz Roja, y una vez ahí la subieron en una camilla y yo me fui en mi auto al IMSS y ¿qué cree? Llegué mucho antes yo porque a la ambulancia… NO la dejaban pasar, pues iban caballos a integrarse a la cabalgata. ¿Una tradición? Perdón, pero es lo más aberrante en estos tiempos modernos, con el tráfico que tenemos en Colima por ser las calles tan estrechas, la contaminación ambiental, el ruido de la música y los espectáculos que dan los: travestis, gays, lesbianas, borrachos, etc. “Por sus frutos los conoceréis.” ¿Qué frutos está dando Colima con esa clase de árboles?”

Hasta aquí la narración, que confirma mi aseveración de que las cabalgatas representan un riesgo potencial, y esto es de simple sentido común, dadas las circunstancias en las que ocurre este festejo: embriaguez, falta de cultura cívica de los participantes e insuficiencia de medidas de seguridad.

Aprovecho el viaje para reflexionar con respecto a algunos comentarios que suscitó mi escrito, y que despertaron vivamente mi curiosidad:

1. Un lector comentó: “tu (sic) no puedes entender esta tradición por que no perteneces a esta parte de Colima, lo demás de tus comentarios sale sobrando.” Esta afirmación me sumió en profundas dudas y reflexiones. ¿Será que tomar una tecate light trepado en un cuaco es una especie de rito secreto que sólo los villavarenses pueden comprender? ¿Acaso la composición química de la caca de caballo posee algún componente misterioso que sólo se puede percibir siendo oriundo de La Villa? Porque francamente, no creo que haya gran cosa que entender. Ni que fuera el manual de algún lenguaje de programación.

2. Otro lector afirma que “la gente que sabe de ello toma sus precauciones para llegar a tiempo a sus destinos antes de (que) cierren la vialidad o toman otras rutas”. ¿Y los que no sabemos? Porque muchos de nosotros no nos acordamos de las malhadadas cabalgatas hasta que las tenemos encima. Probablemente eso fue lo que le ocurrió a la chica del incidente, para que ni se les vaya a ocurrir preguntar qué estaba haciendo ahí en plena cabalgata. Aunque no lo crean, a muchos ciudadanos nos tendría totalmente sin cuidado esta “tradición centenaria” si no fuera por las molestias que nos causa. No tenemos obligación ni necesidad de planear nuestras actividades en función de ellas, porque eso es atentatorio contra nuestra libertad de tránsito, que está, no lo olviden, consagrada en nuestra Constitución.

3. Por último, un tercer lector me dice: “me parece muy autoritario e intolerante de tu parte querer eliminar la cabalgata”. Estoy de acuerdo; solo que en el texto afirmo claramente que “se deberían acotar y reglamentar las cabalgatas”. En ninguna parte hablo de eliminarlas. Por acotarlas, me refiero a trazar un recorrido que no afecte la vialidad de la manera en que actualmente lo hace, y por reglamentarlas… bueno, en realidad bastaría con aplicar el Reglamento de Policía y Buen Gobierno de los municipios de Colima y Villa de Álvarez. El de Colima, por ejemplo, en su artículo 41, fracción VIII dice que “son infracciones contra la integridad de las personas, las siguientes:

[…] “VIII. Conducir vehículo automotor o cualquier otro medio de transporte bajo la influencia del alcohol o cualquier otra sustancia tóxica o estupefacientes.”

Y el apartado VIII del 47, define como infracción contra la moral y las buenas costumbres “Ingerir bebidas embriagantes en la vía pública o sitios no autorizados…”

Según me enseñaron en la escuela, los caballos son un medio de transporte, y las calles se consideran como vía pública. Entonces ¿por qué no se aplica el reglamento? Estoy seguro de que, al no permitirse ingerir bebidas alcohólicas, dejarían de asistir los “jinetes” que solamente aprovechan la oportunidad para gozar del dudoso placer de emborracharse y cometer desmanes impunemente. Con la ausencia de estos barbajanes y el trazo cuidadoso de una ruta que afectara lo menos posible, las cabalgatas serían un espectáculo en el que saldrían ganando quienes gustan de presenciarlas y, sobre todo, los verdaderos jinetes, que estoy seguro que no les hace nada de gracia andar en bola con esos verdaderos canallas ecuestres.

 

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