En lo que va de la administración del gobierno constitucional de Mario Anguiano Moreno, entre otras características a destacar, considerando solamente como base lo que desde la
oficina de Comunicación Social de la misma administración se promueve y difunde, se encuentra la sorprendente cantidad de premios y reconocimientos obtenidos derivado de la denominada “Nueva Gestión” Pública o Gobierno Electrónico, así como la cuantiosamente extraordinaria campaña propagandística que quiere transformar al propio gobernador del estado en un personaje exitoso, atractivo y bien posicionado.
Por supuesto, son logros y estrategias publicitarias de nuestro gobierno colimense, relacionado estrechamente con el origen y permanencia del PRI gobernando al país desde 1928, y en ese sentido, recientemente con el ejemplo y modelo establecido por el propio presidente Enrique Peña Nieto, en cuanto al uso y abuso del gasto público en imagen publicitaria o, si se quiere, despilfarro de la “democracia” al estilo Toluca, así como también con el estilo mediáticamente autoritario de gobernar que privilegia la eficacia por encima de la negociación y las demandas sociales más sentidas de la población.
Tiempos actuales y modernos donde se observan y campea a lo largo y ancho del país, empezando por el Poder Ejecutivo Federal y terminando en los gobiernos municipales, bajo el común denominador de practicar una misma estrategia promocional en general, cuyo éxito radica no en el impacto real de los compromisos sobre las necesidades de la población, sino en el sistema y aparato publicitario que justifica el intenso gasto mediático. Por cierto, una costosísima estrategia publicitaria o instrumento de simulación política, como lo muestra la distancia entre la estructura institucional y su funcionamiento real.
Así pues, Colima en la era del gobierno de Mario Anguiano, logró posicionarse a la vanguardia en materia de Gobierno Electrónico, de tal manera, por ejemplo, que entre reconocimientos nacionales e internacionales hasta 2013 destaca por constituir la administración pública con “más procesos certificados”; por poseer Tecnologías de Información, TIC’s; por obtener la presea I+T GOB otorgado por la CIAPEM en materia de simplificación y agilización de trámites burocráticos; por recibir el Premio Estatal a la Calidad en el Estado en el Sector Empresarial; por el premio obtenido por parte de Banco Mundial por impulsar la mejora de los servicios; por el “primer lugar nacional del Doing Bussines” al convertirse Colima en “el mejor estado para hacer negocios”; por estar entre los primeros nueve lugares en índices de gobiernos electrónicos, en parte dada a la cantidad de quioscos establecidos de servicios y trámites electrónicos.
Y apenas unos cuantos días atrás (enero de 2014) la entrega del premio por el arte del “Buen Gobierno”, a cargo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), al gobernador Mario Anguiano, colocando a Colima en figura destacada como una de las innovaciones, ganadora de “Gobierno Inteligente”, con la postulación “Modelo Colima”. Así pues el BID reconoce “las mejoras en los servicios dirigidos a los ciudadanos y empresas en la entidad”, así como en “el impacto que esta innovación ha tenido en la vida de éstos” (sic).
Una nueva gestión pública, teniendo como cabeza ejecutiva la figura de Mario Anguiano, en la que acorde con los tiempos actuales los ciudadanos dejaron de ser tales, para convertirse en clientes o usuarios, y donde en lugar de una burocracia costosa y parasitaria existe un “sistema de calidad y mejora continua” basado en la innovación hermanada con la exitosa ideología neoliberal y las leyes del mercado.
Todo este cúmulo de logros electrónicos de la administración anguianista ha estado por supuesto respaldada por una costosísima campaña de pura mercadotecnia, es decir, en una estrategia de pagos millonarios en espectaculares, medios digitales y a la prensa estatal. Un gobernador comprando publicidad para promover su imagen en radio y televisión a costa del erario público donde la idea es “vender” a través de los medios las imágenes y acciones de un gobernante.
Una campaña de comunicación política que privilegia el mensaje de alto impacto (spot), en que la imagen deja de ser un complemento y se impone como esencia de la actividad de gobierno. Compra de espacios en medios electrónicos, y por ende, popularidad y buena aceptación al promover y difundir entre los colimenses la imagen del ejecutivo, poniendo a la entidad a la vanguardia en gobierno electrónico, como factor decisivo para asegurar el triunfo del PRI en las próximas preferencias electorales.
Conviene precisar que aunque la estrategia publicitaria del gobierno de Mario por promover su imagen y su gobierno en medios de comunicación no es el único caso ni el más dispendioso, comparado con los casos de otros gobernadores como el de Chiapas, Puebla, Jalisco, Estado de México, etcétera.
Conviene acotar que en la entidad, en términos retrospectivos, el gobierno de Anguiano es el más dispendioso comparado con los gobiernos estatales anteriores, empezando con el de Moreno Peña, Gustavo Vázquez y Silverio, además de que los gastos de la actual Dirección de Comunicación Social representan una de la áreas de la administración pública que más gastos considerables invierten en materia de promocionar la imagen gubernamental anguianista. Basta señalar que durante el último Informe de Gobierno gran parte de la promoción gubernamental estuvo centrada en exaltar los logros y premios obtenidos por Mario Anguiano a nivel nacional e internacional, es decir, difundió sus logros electrónicos de manera sobresalientemente en su Informe a través de la producción de spots de alto costo.
Sin embargo, y no obstante los logros obtenidos por Mario Anguiano en su gobierno, también es importante destacar que ante la prensa y otros medios de comunicación digitales críticos, se ha mostrado autoritariamente intolerante, como fue el caso del diario Avanzada, que cuando se negó a sujetarse a las líneas editoriales marcadas desde el Gobierno del Estado en materia de inseguridad le retiró la publicidad, para en esa medida ahogarlo económicamente, afectando a sus trabajadores principalmente. Un gobierno que no entiende y menos tolera lo que significa la libertad de expresión constitucional ni menos el derecho que posee el ciudadano a ser informado.
Otra pregunta abierta es qué tan importante, desde el punto de vista educativo, significa dotar a las escuelas de computadoras, si hoy en día el uso creciente de éstas se está volviendo un problema social; tan sólo por el tiempo que pasan dedicados a usarlas para fines que no son propiamente educativos.
Hay pues una tendencia discrecional de incrementar las erogaciones para exaltar la imagen de Mario y en esa medida preparar al PRI para que pueda asegurar el relevo del Poder Ejecutivo. La cuestión es que al parecer, nadie puede ni quiere detener la vorágine despilfarradora a la que conduce el culto a la apariencia.
Más allá de lo que gasta Mario Anguiano en imagen, está un Estado autoritario, fragmentado enormemente e incapaz de responder a sentidas demandas sociales.
Constituimos una sociedad fracturada, divorciada de su clase política y en rebeldía creciente con sus medios de comunicación más importantes.
Fuentes consultadas y utilizadas
Villamil, Jenaro. (2012). Peña Nieto, el gran montaje. México: Grijalbo.
Tajonar, Héctor. (2014). El culto a la apariencia. Proceso (1940), 46-47.
Tajonar, Héctor (2014). Castigo a los delincuentes electorales. Proceso (1942), 42.
* Profesor investigador de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad de Colima.