A lo lejos se acerca un taxi desocupado y le haces la parada. El taxista te ignora. Mentalmente le mientas su madre. El taxi pasa junto a ti y observas que en el asiento de atrás viene una señora chaparrita. Injustamente, le mientas también su madre. Te sientes un tanto reconfortado.
Luego, otra señora se para a unos metros de ti, con la evidente intención de hacerte la competencia. La miras de reojo, con la autosuficiencia que te confiere el saberte poseedor de un potente silbido, que se ha vuelto proverbial entre tus amigos y conocidos. A unos treinta metros de distancia aparece otro taxi. Lanzas un ensordecedor chiflido acompañado de grandes aspavientos. El taxi sigue de largo. Volteas hacia el otro lado, y ves un tercer auto de alquiler que se aproxima velozmente. Vuelves a lanzar el multidecibélico silbido, y de nueva cuenta tu esfuerzo resulta infructuoso. Lejos, muy lejos, un taxi está doblando la esquina. Ni siquiera intentas llamarlo, pero tu vecina decide probar suerte, emitiendo un casi inaudible ‘”shi-shit” y levantando ligeramente la mano derecha. De inmediato, el lejano vehículo frena con un chirriar de llantas, se echa en reversa y enfila en su dirección, haciendo señales con las luces. Al abordar el vehículo, la señora voltea a verte fugazmente, con un gesto enigmático, posiblemente de burla. Tú te quedas mirando melancólicamente la calle, mientras el taxi se pierde en lontananza.
Si eres un usuario regular de taxi, seguramente habrás sufrido este tipo de experiencias. Por razones que desconozco, Colima y Villa de Álvarez poseen uno de los servicios de taxi más baratos de la República , y también un pésimo servicio de camiones urbanos, dando como resultado que los taxis tengan una gran demanda, sobre todo en las llamadas “horas pico”. Por eso, encontrar un taxi en Colima se vuelve una odisea, especialmente a la hora del maldito cambio de turno.
Quienes se trasladan cotidianamente en vehículo particular (lo que incluye, por desgracia, a la mayoría de los funcionarios que podrían resolver este asunto) no tienen ni la más remota idea de lo que estoy hablando, así que brevemente explicaré el problema:
Es costumbre que cada taxi tenga dos turnos de trabajo de 12 horas cada uno. Al terminar su turno, cada trabajador del volante tiene la obligación de entregar el vehículo recién lavado y con el tanque lleno, lo que significa que tienen que dejar de dar servicio entre media hora y cuarenta minutos antes de que termine su turno.
Esta situación no implicaría problema alguno, si no fuera por el hecho de que la gran mayoría de los taxistas realizan el cambio de turno a la misma hora. Esto da como resultado que en uno de los horarios en que más se necesitan, la ciudad se queda prácticamente sin taxis, lo que afecta considerablemente a los taxistas, quienes en menos de una hora reciben una dotación de mentadas de madre suficientes para toda una semana, además de que desperdician uno de los mejores horarios de trabajo. Pero sobre todo, afecta a los usuarios, quienes en ocasiones tienen que esperar más de media hora para poder encontrar un taxi en servicio.
Supongo que debe de haber un motivo más o menos razonable para explicar que prácticamente todos los taxis realicen el cambio de turno a la misma hora, es decir, entre las dos y las tres de la tarde. Sin embargo, también es cierto que hay dos posibles soluciones relativamente sencillas:
1. Recorrer el cambio de turno a un horario menos complicado, o
2. Realizar cambios de turno escalonados.
¿Por qué no se toman estas medidas tan simples? No tengo la menor idea. Alguna vez se lo pregunté a un taxista, pero solo obtuve como respuesta un montón de enredados razonamientos.
Por supuesto, no soy tan ingenuo como para creer que el reglamentar el cambio de turno va a resolver los problemas de transporte en nuestra zona conurbada. Más grave, y por lo tanto más complicado es el escabroso asunto de cómo y a quiénes se les han otorgado los permisos de taxis, además del tema de la explotación inhumanamente porfirista que sufren los trabajadores del volante, que no solo carecen de un salario, sino que están obligados a dar una cuota fija diariamente, trabajando inconstitucionales jornadas de 12 horas y careciendo de las más elementales prestaciones laborales. Sin embargo, la dependencia correspondiente podría comenzar por meter mano en la reglamentación de los turnos,como una muestra de buena voluntad hacia la ciudadanía de a pie, que aunque no lo crean, seguimos siendo mayoría. Y de pasadita, podrían publicar la lista completa de los concesionarios de taxis en el estado.